El Anamú

Conocida a través de Puerto Rico como la yerba que el chivo no mastica, el anamú es una yerba silvestre nativa de Borikén, América tropical y África tropical. El folclor antillano reconoce al anamú como una de las plantas mas poderosas de nuestra farmacopea, pues esta yerba se utiliza no sólo para desalojar parásitos intestinales y tratar los hongos internos y externos, sino también trata la sinusitis, el dolor, la diabetes y hasta el cáncer.

En Cuba, el anamú se cultiva en gran escala por su uso en la medicina y muy especialmente, en el tratamiento del cáncer. En el libro cubano titulado Anamú 4, el autor y médico Alberto De los Pollos Alcalá presenta docenas de historias clínicas basadas en el uso de anamú para tratar diversas clases de cáncer. El libro también contiene testimonios sobre el valor del anamú para tratar úlceras de las vías digestivas y de la piel, la psoriasis, la gastritis y la diabetes.

Y hablando de la diabetes el programa Tramil, ONG internacional dedicada al estudio de las plantas medicinales caribeñas, documenta que las decocciones del anamú ejercen un efecto hipoglucémico, bajando los niveles de glucosa sanguínea de los ratones en un 60 por ciento. El programa Tramil también documenta y recomienda un antiguo y muy efectivo método de tratar la sinusitis. Los guatemaltecos de ascendencia maya pulverizan los tallos y raíces del anamú y haciendo inhalaciones, acaban con la turbidez nasal.

Según la santiguadora cidreña Mariana Cruz Vázquez, los baños del anamú y las cataplasmas verdes de sus hojas machacadas, son el mejor remedio para la tendinitis y los dolores de la artrititis. Vecinos de la República Dominicana recomiendan los guarapillos de las hojas y raíces de anamú con un poco de sal para aliviar los dolores de la artritis. Y experimentos documentados por Tramin corroboran el folclor al demostrar que en ratones el anamú ejerce un marcado efecto para aliviar tanto el dolor como el edema.

Para ahuyentar los mosquitos de la casa, algunas abuelas pasaban el mapo con decocciones de anamú. Otras, confeccionaban escobas de las ramas de anamú y durante la época de lluvias las usaban para barrer desde el techo hasta el piso. Con nuestra recién epidemia del dengue, muchas personas se están tomando los teses de anamú como repelentes de mosquitos desde adentro. Su olor es muy fuerte a azufre, pero compensa saber que eres tan bravo, que te tomas lo que ni el cabro mastica. Fuente.

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